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Aragón Misterioso y tambores chamánicos

Aragón Misterioso y tambores chamánicos
En el programa de mañana de ‘Aragón misterioso’ (Aragón TV a las 21 horas) revivimos la historia legendaria de un anciano árbol de 3000 años: la sabina de Blancas. Nos preguntaremos qué se oculta tras un símbolo mítico de Aragón con forma de flor o de estrella: la hexafolia. Y conocemos la tragedia de Melihah, que ha pasado a la leyenda como la morica encantada de Daroca. Sobre el relato de la sabina hablamos con el escritor turolense Manuel Pascual Guillén, y sobre la roseta de seis pétalos, con el antropólogo Manuel Benito. Acerca de la mora de Daroca nos habla Asun Sancho, técnica de turismo de esa localidad.

Del capítulo anterior, ¿qué os voy a contar? Me han dicho que lo vieron más de 30.000 personas, y dicen que eso es una buena audiencia, aunque yo no entiendo mucho de esas cosas de "share", que para mí también son un poco misteriosas. Como vamos camino de Semana Santa y en el programa pasado hablamos de los tambores, pues pongo la ilustración ad hoc.

Tambores y viajes chamánicos
Me hubiera gustado profundizar más en el uso del sonido del tambor como acompañamiento de rituales mágicos. El sonido rítmico de percusión es una de las vías de acceso al trance para los chamanes, y esto es algo estudiado por los antropólogos en sociedades de culturas primitivas. Parece ser que escuchar el sonido de 200 a 220 golpes por minuto, en secuencias rítmicas y repetitivas, unos 3 o 4 golpes por segundo, provoca durante unos diez minutos unas determinadas ondas cerebrales en el chamán, lo que le permite convertirse en psiconauta.

El cerebro emite cuatro tipos de ondas de entre las cuales, las ondas theta y las delta son las que permiten el estado que busca el chamán. Las ondas theta, de 7 a 4 ciclos por segundo, te introducen en una relajación profunda, con sensación de incorporeidad y ausencia de dolor. Las ondas delta, las más lentas con ciclos de 4 a 2 por segundo te transportan al sueño profundo y a lo que llaman supraconsciencia.

El chamán, para alcanzar este estado, se habrá tumbado en el suelo y habrá comenzado por visualizar una entrada en la tierra, una cueva profunda o una madriguera. Según relatan las experiencias de viajes chamánicos, al principio parecen desplazarse por el aire en la oscuridad en sentido horizontal o un poco descendente, después se produce ya la sensación de caer a gran velocidad pero sin temor. Al cabo de unos minutos, el túnel termina, se abre a la luz, y comienza el mundo imaginario individual y diferente según cada chamán, aunque suelen coincidir en imágenes de naturaleza con brillantes colores y contrastes, en ocasiones visualizadas como si fuera a través del agua.

Para los chamanes, su viaje psíquico les lleva a contactar con una consciencia suprahumana, con el mundo de los dioses o de los espíritus. Para salir del trance, el auxiliar que ha estado tocando el tambor durante todo ese tiempo, dará tres o cuatro golpes secos, y a continuación lo hará con gran rapidez, para que el alma del chamán regrese a este mundo.

Muy posiblemente, el sonido del tambor de Semana Santa no anduviera muy lejos de perseguir fines similares, o al menos, de provocar en los penitentes estados de contemplación o arrebatos cercanos al éxtasis.
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