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Los homenajes del cartel del Día del Libro

Los homenajes del cartel del Día del Libro Este año he tenido el honor y la satisfacción de que la Comisión Permanente del Libro seleccionara mi propuesta para ilustrar y diseñar este cartel del Día del Libro. 
He querido hacer un homenaje a varias bandas: por un lado, a la tinta, la sangre común de libros y dibujos. Por eso la ilustración central está hecha a tinta, con pluma y pincel; por eso el fondo es un manuscrito a tinta de una página del capítulo VI del Quijote, aquella en la que cura, barbero, sobrina y ama eligen libros, como uno hace paseando por las casetas en el Día del Libro (aunque por distintos motivos, claro). La primera línea que aparece en el cartel dice: "... que le fuese dando de aquellos libros...", y la última, "veamos esotro que está junto a él..."
Mi dibujo ha querido ser también un homenaje al libro tradicional e impreso con el esmero de aquellos artesanos del cartón, del papel, del plomo, del cuero. El libro lo he dibujado con lápices de color, como una manera de acercarme desde el dibujo a esas técnicas artesanales, utilizando una de las herramientas básicas del dibujante, tal vez hoy un tanto olvidada a causa de las posibilidades del color digital.
El libro dibujado es un homenaje a Santiago Ramón y Cajal en el centenario de la concesión del Nobel. Reproduce -tras el dibujo de una neurona en la cubierta, como las dibujadas por él mismo- una de sus obras, con título muy evocador y más cercano a la lírica que a la ciencia: "Ensayos sobre el ensueño". Santiagué, como lo conocían de niño en Ayerbe, no sólo fue científico: fue también narrador y dibujante, y sospecho que bastante poeta.
Sobre su libro, sentada, uno de los personajes de ese ensueño: la doncella, símbolo de la imaginación fértil y fresca, capaz con su voz y su lectura de conjurar la maldad y el poder de la bestia, el viejo dragón de las leyendas -como el de San Jorge- quien, ayudado de sus lentes de aumento, trata, a la par, de leer las mismas líneas.
Mientras lo dibujaba, pensaba en mi madre, ahora anciana. Por eso este dibujo es, al mismo tiempo, una manera de agradecerle, a ella y a todas las madres, los largos ratos que pasó sentada al lado de mi cama, leyéndome cuentos, contándome historias que conseguían calmar y alejar a los monstruos presentes en mis pesadillas de niño. El cuarto aquél donde dormía en el pueblo era muy oscuro y frío, habitaba una lechuza en el alero del tejado que no dejaba de chillar en toda la noche, y las ventanas de madera crujían sin parar... Quizá, en realidad, mi madre lo que conseguía era que los dragones, los gigantes, las bruxas y toda la corte de pantasmas y almetas, se quedaran embobados escuchando y tratando de leer las viejas historias de la niña Marieta, del gallo Kiriko, de Topo Gigio, de la Doncellita y su casa encantada... Gracias por todas esas horas pasadas a mi lado en la oscuridad... este cartel lo hice para tí...
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1 comentario

MARIA -

mmm linda foto
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